domingo, 27 de diciembre de 2015

"A propósito de Abbott" de Chris Bachelder


¿Por qué tienes que leer este libro?


  • Porque te darás cuenta de la necesidad fundamental de los humanos de decorar otras especies, cuando, acompañando a tu hija a la tienda de animales, descubras cangrejos ermitaños de colores.

  • Porque tras realizar varios experimentos, llegarás a la conclusión de que tu perro, además de tener miedo a los truenos, los fuegos artificiales, los motores que petardean, los aviones, los camiones de la basura, las furgonetas de reparto, los otros perros, los gatos, la gente, los pájaros y los bichos ruidosos, los espantapájaros, los muñecos de nieve, las cometas y las banderas, algunos árboles, la lluvia torrencial, la llovizna, la niebla, los cielos nublados, los cielos parcialmente nublados, las ráfagas de viento y las refrescantes brisas veraniegas, también le asusta el rumor apenas audible del papel higiénico al desenrollarse.

  • Porque si le preguntas a tu hija cómo quiere que se llame su nuevo hermanito, te arriesgas a acabar poniéndole a tu hijo "Guepardo".

  • Porque descubrirás, después de varios años casado, que el matrimonio es una lucha (técnicamente, una negociación) por ver cómo se reparte el Mal Humor y quien tiene más derecho a tenerlo.

  • Porque te enojará la rapidez con la que el fontanero desatasca la tubería principal, ya que ello no te permitirá presumir delante de tu mujer de lo eficazmente que estás solventando el problema, porque no le habrá dado tiempo de volver todavía a casa.

  • Porque te dará tanta pena que tu hija se corte el pelo por primera vez, que cogerás sus pequeños rizos dorados del suelo y los guardarás en una bolsa que esconderás para que tu mujer no los tire.

  • Porque si no fueras un frustrado humanista sin plaza fija en el campus estrella de un sistema universitario estatal, te gustaría ser científico en el trabajo de campo de un proyecto de investigación inútil, como por ejemplo, el estudio de las luciérnagas, para pasarte los veranos llevando a cabo esa investigación en el mismo lugar de Pensilvania, sentado en una roca prominente y contemplando desde arriba las luciérnagas que titilan en un enorme campo en forma de cuenco.

  • Porque un caluroso día de Junio, estando embarazada, perseguirás por el parking de un outlet a tu hija, que corre en calcetines amarillos con el pañal medio caído porque no le da la gana vestirse.

  • Porque estás tan estresado con la paternidad, que le abres la puerta al técnico de la nevera con el brazo completamente cubierto de pegatinas de mariposas, llevando encima tres o cuatro pulseras, unos diez collares y a tu hija llena de rayas de rotulador, para que te acabe diciendo que si la nevera no enfría es porque tienes que subirle el termostato.

  • Porque por mucho que lo intentes, no lograrás sorprender a tu mujer (ni tan siquiera haciendo pan de plátano); podrán sorprenderle tus actos, pero no tú mismo, te conoce demasiado bien.