martes, 2 de enero de 2018

"Bodas de sangre" de Federico García Lorca



NOVIO: ¿Está bueno ya?
MADRE: Cien años que yo viviera no hablaría de otra cosa. Primero, tu padre, que me olía a clavel y lo disfruté tres años escasos. Luego, tu hermano. ¿Y es justo y puede ser que una cosa pequeña como una pistola o una navaja pueda acabar con un hombre, que es un toro? No callaría nunca. Pasan los meses y la desesperación me pica en los ojos y hasta en las puntas del pelo.

NOVIO: (Coge de un brazo a la madre y ríe) Madre, ¿y si yo la llevara conmigo a las viñas.
MADRE: ¿Qué hace en las viñas una vieja? ¿Me ibas a meter debajo de los pámpanos?
NOVIO: (Levantándola en sus brazos) Vieja, revieja, requetevieja.
MADRE: Tu padre sí que me llevaba. Eso es buena casta. Sangre. Tu abuelo dejó a un hijo en cada esquina. Eso me gusta. Los hombres, hombres, el trigo, trigo.

MADRE: Perdóname.(Pausa) ¿Cuánto tiempo llevas en relaciones?
NOVIO: Tres años. Ya pude comprar la viña.
MADRE: Tres años. Ella tuvo un novio, ¿no?
NOVIO: No sé. Creo que no. Las muchachas tienen que mirar con quien se casan. MADRE: Sí. Yo no miré a nadie. Miré a tu padre, y cuando lo mataron miré a la pared de enfrente. Una mujer con un hombre, y ya está.

MADRE: Tenemos que volver a tiempo. ¡Qué lejos vive esta gente!
NOVIO: Pero estas tierras son buenas.
MADRE: Buenas; pero demasiado solas. Cuatro horas de camino y ni una casa ni un árbol.
NOVIO: Estos son los secanos.
MADRE: Tu padre los hubiera cubierto de árboles.
NOVIO: ¿Sin agua?
MADRE: Ya la hubiera buscado. Los tres años que estuvo casado conmigo, plantó diez cerezos. (Haciendo memoria.) Los tres nogales del molino, toda una viña y una planta que se llama Júpiter, que da flores encarnadas, y se secó. (Pausa.)

CRIADA: Que reviento por ver los regalos.
NOVIA: (Agria) Quita.
CRIADA: ¡Ay, niña, enséñamelos!
NOVIA: No quiero.
CRIADA: Siquiera las medias. Dicen que todas son caladas. ¡Mujer!
NOVIA: ¡Ea. que no!
CRIADA: Por Dios. Está bien. Parece como si no tuvieras ganas de casarte.
NOVIA: (Mordiéndose la mano con rabia) ¡Ay!
CRIADA: Niña, hija, ¿qué te pasa? ¿Sientes dejar tu vida de reina? No pienses en cosas agrias. ¿Tienes motivo? Ninguno. Vamos a ver los regalos. (Coge la caja.)
NOVIA: (Cogiéndola de las muñecas) Suelta.
CRIADA: ¡Ay, mujer!
NOVIA: Suelta he dicho.
CRIADA: Tienes más fuerza que un hombre.
NOVIA: ¿No he hecho yo trabajos de hombre? ¡Ojalá fuera!

CRIADA: Aquí te acabaré de peinar.
NOVIA: No se puede estar ahí dentro, del calor.
CRIADA: En estas tierras no refresca ni al amanecer. (Se sienta la novia en una silla baja y se mira en un espejito de mano. La criada la peina.)
NOVIA: Mi madre era de un sitio donde había muchos árboles. De tierra rica.
CRIADA: ¡Así era ella de alegre!
NOVIA: Pero se consumió aquí.
CRIADA: El sino.
NOVIA: Como nos consumimos todas. Echan fuego las paredes.

CRIADA: (Peinándola)¡Dichosa tú que vas a abrazar a un hombre, que lo vas a besar, que vas a sentir su peso!
NOVIA: Calla.
CRIADA: Y lo mejor es cuando te despiertes y lo sientas al lado y que él te roza los hombros con su aliento, como con una plumilla de ruiseñor.
NOVIA: (Fuerte.) ¿Te quieres callar?
CRIADA: ¡Pero, niña! Una boda, ¿qué es? Una boda es esto y nada más. ¿Son los dulces? ¿Son los ramos de flores? No. Es una cama relumbrante y un hombre y una mujer.

NOVIA: ¿Qué más da? (Seria.) ¿Por qué preguntas si trajeron el azahar? ¿Llevas intención?
LEONARDO: Ninguna. ¿Qué intención iba a tener? (Acercándose.) Tú, que me conoces, sabes que no la llevo. Dímelo. ¿Quién he sido yo para ti? Abre y refresca tu recuerdo. Pero dos bueyes y una mala choza son casi nada. Esa es la espina.

LEONARDO: Después de mi casamiento he pensado noche y día de quién era la culpa, y cada vez que pienso sale una culpa nueva que se come a la otra; pero ¡siempre hay culpa!

LEONARDO: Callar y quemarse es el castigo más grande que nos podemos echar encima. ¿De qué me sirvió a mí el orgullo y el no mirarte y el dejarte despierta noches y noches? ¡De nada! ¡Sirvió para echarme fuego encima! Porque tú crees que el tiempo cura y que las paredes tapan, y no es verdad, no es verdad. ¡Cuando las cosas llegan a los centros, no hay quien las arranque!
NOVIA: (Temblando) No puedo oírte. No puedo oír tu voz. Es como si me bebiera una botella de anís y me durmiera en una colcha de rosas. Y me arrastra y sé que me ahogo, pero voy detrás.

NOVIA: ¡Vámonos pronto a la iglesia!
NOVIO: ¿Tienes prisa?
NOVIA: Sí. Estoy deseando ser tu mujer y quedarme sola contigo, y no oír más voz que la tuya.
NOVIO: ¡Eso quiero yo!
NOVIA: Y no ver más que tus ojos. Y que me abrazaras tan fuerte, que aunque me llamara mi madre, que está muerta, no me pudiera despegar de ti.

PADRE: Ese busca la desgracia. No tiene buena sangre.
MADRE: ¿Qué sangre va a tener? La de toda su familia. Mana de su bisabuelo, que empezó matando, y sigue en toda la mala ralea, manejadores de cuchillos y gente de falsa sonrisa.
PADRE: ¡Vamos a dejarlo!
CRIADA: ¿Cómo lo va a dejar?
MADRE: Me duele hasta la punta de las venas. En la frente de todos ellos yo no veo más que la mano con que mataron a lo que era mío. ¿Tú me ves a mí? ¿No te parezco loca? Pues es loca de no haber gritado todo lo que mi pecho necesita. Tengo en mi pecho un grito siempre puesto de pie a quien tengo que castigar y meter entre los mantos. Pero me llevan a los muertos y hay que callar. Luego la gente critica. (Se quita el manto)

MADRE: Con tu mujer procura estar cariñoso, y si la notas infautada o arisca, hazle una caricia que le produzca un poco de daño, un abrazo fuerte, un mordisco y luego un beso suave. Que ella no pueda disgustarse, pero que sienta que tú eres el macho, el amo, el que mandas. Así aprendí de tu padre. Y como no lo tienes, tengo que ser yo la que te enseñe estas fortalezas.

MADRE: Al agua se tiran las honradas, las limpias; ¡esa, no! Pero ya es mujer de mi hijo. Dos bandos. Aquí hay ya dos bandos. (Entran todos.) Mi familia y la tuya. Salid todos de aquí. Limpiarse el polvo de los zapatos. Vamos a ayudar a mi hijo. (La gente se separa en dos grupos.) Porque tiene gente; que son: sus primos del mar y todos los que llegan de tierra adentro. ¡Fuera de aquí! Por todos los caminos. Ha llegado otra vez la hora de la sangre. Dos bandos. Tú con el tuyo y yo con el mío. ¡Atrás! ¡Atrás!

LEONARDO: Ya dimos el paso; ¡calla!
porque nos persiguen cerca
y te he de llevar conmigo.
NOVIA: ¡Pero ha de ser a la fuerza!
LEONARDO: ¿A la fuerza? ¿Quién bajó
primero las escaleras?
NOVIA: Yo las bajé.
LEONARDO: ¿Quién le puso
al caballo bridas nuevas?
NOVIA: Yo misma. Verdad.
LEONARDO: ¿Y qué manos
me calzaron las espuelas?
NOVIA: Estas manos que son tuyas,
pero que al verte quisieran
quebrar las ramas azules
y el murmullo de tus venas.
¡Te quiero! ¡Te quiero! ¡Aparta!
Que si matarte pudiera,
te pondría una mortaja
con los filos de violetas.
¡Ay, qué lamento, qué fuego
me sube por la cabeza!
LEONARDO: ¡Qué vidrios se me clavan en la lengua!
Porque yo quise olvidar
y puse un muro de piedra
entre tu casa y la mía.
Es verdad. ¿No lo recuerdas?
Y cuando te vi de lejos
me eché en los ojos arena.
Pero montaba a caballo
y el caballo iba a tu puerta.
Con alfileres de plata
mi sangre se puso negra,
y el sueño me fue llenando
las carnes de mala hierba.
Que yo no tengo la culpa,
que la culpa es de la tierra
y de ese olor que te sale
de los pechos y las trenzas.

NOVIA: Déjame llorar contigo.
MADRE: Llora, pero en la puerta.

LEÑADOR 1: Se estaban engañando uno a otro y al fin la sangre pudo más.


domingo, 3 de diciembre de 2017

"Pequeñas mentiras" de Liane Moriarty



HARPER: Escucha, lloré cuando nos enteramos de que Emily era superdotada. ¡Otra vez!, pensé. ¡Sabía dónde me metía, porque ya había pasado por eso con Sophia! Renata estaba en el mismo barco. Dos hijos superdotados. Nadie sabe el estrés que genera. Renata estaba preocupada por cómo se adaptaría Amabella al colegio, si la estimulación sería suficiente y cosas así.
Por eso, cuando el niño ese de nombre ridículo, el tal Ziggy, hizo lo que hizo, el mismo día de la presentación, ella lógicamente se angustió.
Ahí empezó todo.

Abigail cree que su padre es maravilloso. Soy la única que le guarda rencor. Dicen que es bueno quitarse de encima el rencor, pero no lo sé, a mí me gusta mucho el mío. Lo cuido como a una pequeña mascota.

«Oh, eres tan joven y guapa, Jane» (cuando estaba claro que no lo era; era como si pensaran que una cosa llevaba aparejada la otra; que, si eras joven, automáticamente eras guapa). «Oh, eres tan joven, Jane, seguro que sabes arreglarme el teléfono, el ordenador, la cámara fotográfica» (cuando de hecho a muchas amigas de su madre se les daba mejor la tecnología que a Jane). «Oh, eres tan joven, Jane, tienes tanta energía» (cuando estaba tan cansada que no podía más).

—Seguro que te haces amiga de Bonnie —dijo Madeline—. Es imposible odiarla. Incluso a mí, que se me da muy bien odiar, me resulta difícil. Tengo que esforzarme en cuerpo y alma.

Madeline les había dicho a sus hijos que si se portaban mal Santa Claus podría dejarles una patata envuelta y que se quedarían para siempre sin saber a qué maravilloso regalo sustituía. El deseo más ferviente de Chloe para la Navidad era que su hermano recibiera una patata. Probablemente le hacía más ilusión que la casa de muñecas bajo el árbol.

El día de hoy sería perfecto en todos los sentidos. Las fotos de Facebook no mentirían. Qué alegría. En su vida habría mucha alegría. Era un hecho cierto y verificable. Realmente no tendría que abandonarlo hasta que los chicos terminaran la secundaria. Entonces sería el momento adecuado para irse. El día en que acabaran sus últimos exámenes. «Dejen a un lado sus bolígrafos», dirían los examinadores. Ese sería el instante en que Celeste dejaría a un lado su matrimonio.

Apagó la luz del cuarto de baño. Fueron cada uno a su lado de la cama, encendieron las lámparas de las mesillas y retiraron el edredón con un movimiento suave y sincronizado que demostraba, dependiendo del humor de Madeline, que eran el matrimonio perfecto o que estaban atrapados en una rutina de clase media de barrio residencial y necesitaban vender la casa e irse de viaje por la India.

¿Había alguna parte enferma y dañada de Celeste a la que en realidad le gustaba vivir así y deseaba este matrimonio sucio y vergonzoso? Así se lo planteaba ella.

Le había llamado la atención oír una vez que había mujeres que alegaban tensión premenstrual como atenuante de homicidio. Ahora lo comprendía. ¡Ese día podría alegremente matar a alguien!

Yo no era muy llorona, más bien todo lo contrario. Es la edad, tengo cincuenta y ocho, como mis amigas, fuimos a comer el otro día, somos amigas desde que nuestras hijas empezaron preescolar. Hablamos del tema, de que nos sentimos como si tuviéramos quince años, que lloramos por nada.

Podría haber sido peor. Mucho peor, desde luego. Había leído artículos sobre auténticas víctimas de la violencia doméstica. Eso era terrible. Eso era real. Lo que hacía Perry no era nada. Naderías, lo que era el colmo de la humillación, porque era tan… cutre. Tan infantil y vulgar.

—Sí, de acuerdo, ¿y qué si lo fuera? —interrumpió Jane—. ¿Y qué si lo fuera? Voy a eso. ¿Y qué si tuviera un poco de sobrepeso y no fuera particularmente bonita? ¿Por qué es tan terrible? ¿Tan repugnante? ¿Por qué es el fin del mundo?
Madeline no supo qué decir. Lo cierto es que ser gorda y fea para ella sí sería el fin del mundo.
—Porque toda la autoestima de la mujer reside en su imagen —dijo Jane—. Es por eso. Porque vivimos en una sociedad obsesionada por la belleza en la que lo más importante que puede hacer una mujer es resultar atractiva para los hombres.

Jane sabía por Madeline que Geoff y Renata donaban regularmente ostentosas cantidades de dinero al colegio. «En el concurso de preguntas del año pasado tuvimos que aguantar como campesinos reconocidos que la señora Lipmann agradeciera a los Klein que hubieran pagado el aire acondicionado de todo el colegio», le había contado Madeline. Luego se le había iluminado el rostro al venírsele a la cabeza que quizá Celeste y Perry los pudieran superar este año. «Podrían jugar todos al “yo soy más rico que tú”».

Todo el mundo estaba borracho. En realidad, fue una gran noche hasta que todo se fue a la mierda.

Pero todos los niños dormidos son guapos. Incluso los niños verdaderamente horribles probablemente parecen guapos cuando están dormidos. ¿Cómo podía estar segura de que no había sido él? ¿Acaso alguien conoce a sus hijos? Los hijos son pequeños extraños que cambian, desaparecen y vuelven a presentarse constantemente. De la noche a la mañana pueden aparecer nuevos rasgos de personalidad. Y luego estaba… «No lo pienses. No lo pienses».

Tal vez amenazar a Perry con dejarlo obedecía a que quería confesar lo que había hecho. No podía soportar la carga del secreto.

—Ya buscaré yo a ese asqueroso de mierda —dijo Madeline—. ¿Cómo has dicho que se llamaba? Lo encontraré y luego contrataré a alguien para que lo liquide. En la actualidad debe de haber algún servicio online para «matar a un cabrón».

¿Ha visto fotos del concurso de preguntas? Celeste estaba imponente. La gente se la quedaba mirando. Por lo visto el collar de perlas era un auténtico McCoy. Pero ¿sabe qué? He estado mirando las fotos y hay cierta tristeza en su cara, en su mirada, como si hubiera visto a un fantasma. Casi como si supiera que esa noche iba a suceder algo terrible.


sábado, 4 de noviembre de 2017

Relatos de Geralt de Rivia: "El último deseo",
"La espada del destino" y "Estación de tormentas"
de Andrzej Sapkowski


¿Por qué tienes que leer esta saga?


  • Porque en Wyzima, te ofrecerán tres mil ducados por desencantar a una princesa, mil quinientos por matarla y mil por dejarla viva tal y como está.

  • Porque acudirás al santuario de la diosa Melitele, cuya venerable sacerdotisa es tu vieja amiga Nenneke, y allí, podrás curar tus heridas y consolarte en los brazos de la silecionsa Iola.

  • Porque la bella, no siempre es bella, y la bestia, no siempre es bestia.

  • Porque una hermosa ladrona psicópata acompañada por sus siete secuaces, te hará reflexionar sobre cual es el mal menor.

  • Porque serás invitado a un suntuoso banquete en el que te ofrecerán un trabajo, sin embargo, acabarás luchando contra la rabia de que una antigua promesa se incumpla.

  • Porque en algunas casas no eres del todo bienvenido debido a tu costumbre de matar ratas atravesándolas con el tenedor durante las comidas.

  • Porque la visita de un viejo compañero de aventuras, a pesar de que disgutará a Nenneke, aliviará tus pesares y te traerá gratos recuerdos.

  • Porque a causa de un imprudente amigo, acabarás saldando las deudas de una poderosa hechicera mientras ella lleva a cabo su plan secreto.

  • Porque en el confín del mundo, junto al trovador Jaskier, serás contratado para cazar a un diablo aficionado a la agricultura, aunque finalmente te verás envuelto en una antigua venganza élfica.

  • Porque las princesas, por mucho que hayan cambiado con el tiempo, siguen usando bragas de batista.

  • Porque un inesperado compañero de viaje, durante una noche de descanso, te invitará en una posada a angulas al ajillo en aceite y vinagre, pimientos verdes rellenos en escabeche, sopa de almadiero, asado de cordero con cebolla, cangrejos al hinojo, queso de oveja, ensalada, un barrilete de cerveza y pasar un buen rato en una tina con dos atractivas guerreras zerrikanas.

  • Porque un dragón dorado te enseñará una lección sobre los Poderes del Orden y los Poderes del Caos.

  • Porque en ocasiones, será la sirenita la que rechace al príncipe.

  • Porque una noche, en el bosque de Brokilón, acabarás durmiendo abrazado a una dríada a la que acabarás de conocer.

  • Porque la verdad puede doler tanto como una esquirla de hielo en el corazón.

  • Porque tendrás que trabajar en Aedd Gynvael, una ciudad tan odiosa, con gentes tan viles y avaras, que te tocará regatear por tu sueldo con el estarosta tras matar a un zeugel en un vertedero.

  • Porque terminarás estimando las habilidades que poseen los doppler para los negocios.

  • Porque bajarás hasta el fondo del mar en busca de un regalo de cumpleaños para acabar huyendo de un ejército de monstruos marinos.

  • Porque la experiencia te hará componer el más bello de los romances sobre una historia de amor, pero en el fondo de tu corazón sabrás que es mentira, y que nunca te atreverás a contar lo que sucedió en realidad.

  • Porque vivirás para matar y deberás calcular todas las variables para cazar a tu víctima con éxito. Aunque ello suponga en alguna ocasión tener que utilizar de cebo a quien no deseas poner en peligro.

  • Porque en Kerack, la ciudad con olor a pedo, donde te obligarán a entregar las armas a la entrada, una misteriosa hechicera pelirroja te observará mientras comes en la única posada que usa manteles.

  • Porque serás acusado de malversación, robo y enajenación de bienes pertenecientes a la corona, por suerte, la experiencia te ha convertido a ti mismo en tu mejor abogado.

  • Porque te sorprenderá que alguien con el poder de borrar las señales del paso del tiempo conserve un tatuaje de su genuina juventud.

  • Porque descubrirás que los vigilosaurios son fabricados en serie.

  • Porque a los hechiceros se les escapará de las manos un asunto de tal manera que tendrán que recurrir a tí para que arregles su desaguisado.

  • Porque aprenderás a apreciar la particular sensibilidad para la poesía que tienen los enanos:

    Los mozos siegan la hierba,
    las mozas cargan el heno,
    con temor de que nos llueva
    miramos todos al cielo.

    En lo alto de la colina,
    esperando el aguacero,
    nos meneamos la polla
    y las nubes vuelan lejos.

  • Porque tras salvarle la pierna a un amigo, una viejísima herborista te ofrecerá esnifar fisstech.

  • Porque investigando cuevas en compañía de un lobizón, encontrarás la puerta secreta que estabas buscando.

  • Porque entenderás que las raposas recorren lo que haga falta para recuperar lo que es suyo y cobrarse su venganza.

  • Porque te darás cuenta de que no podrás escapar de tu destino. El destino es una espada de doble filo, un filo eres tú, el otro, la muerte.